Reflexiones en torno al embarazo en tiempos de pandemia

Por Gabriela A. Cardós Duarte

 

 

 

Ya no había destinos individuales,

sino una historia colectiva que era la peste

y sentimientos compartidos por todo el mundo”.

La peste, Albert Camus

 

El 31 de diciembre del 2019, China informó por primera vez a la Organización Mundial de la Salud (OMS) del brote de enfermedad por coronavirus (COVID-19) en Wuhan. En principio, parecía que dicho mal, surgido en aquel país tan lejano a nosotros, sería un problema local que no nos impactaría. Sin embargo, pese a las medidas para contener la propagación del virus, el 30 de enero la OMS declaró la situación como emergencia de salud internacional.

 

A partir de entonces, las cosas han sucedido de manera diferente. Nuestra cotidianeidad dejó de serlo y exigió una dosis importante de adaptación frente a este fenómeno que nos amenazó a todos. Cada acción parecía una situación de riesgo: ir a una plaza, encontrarse con amigos, salir de compras, ver a los abuelos, etcétera. De pronto, nos encontramos luchando contra un enemigo invisible, al que podíamos enfrentar en cualquier momento.

 

Sabemos que el embarazo es uno de los eventos más importantes en la vida de la mujer. Al mismo tiempo, es un reto por la gran vulnerabilidad en la que se encuentra. Es un momento de crisis en el que, para dar lugar a un nuevo ser, suceden una gran cantidad de movimientos y de reacomodos biológicos y psíquicos. La noticia de que se va a tener un hijo impacta, avasalla y, por momentos, rebasa la capacidad de elaboración, por lo que se requiere de tiempo para procesarla.

 

Se trata de un periodo de expectativas positivas y de felicidad, pero también de retos emocionales. Sin importar el hecho de que el embarazo sea deseado de manera consciente o no, es un proceso que no está exento de angustia y vulnerabilidad, y que provoca sentimientos que pueden parecer contradictorios. Vemos, entonces, que el miedo acompaña a la alegría y que, junto a los sentimientos de orgullo y plenitud, puede haber una sensación de extrañeza e incomodidad.

 

Por un lado, se está frente a un hijo al que se quiere y desea (tomando en cuenta las diferentes situaciones a las que cada mujer se enfrenta); por otro, se está en una situación que genera diferentes temores y, muchas veces, sentimientos hostiles hacia el embarazo o hacia el recién nacido.

 

Estas emociones contradictorias pueden surgir por diferentes motivos. Desde el psicoanálisis, pensamos que hay diversas fantasías inconscientes que aparecen en la mente de la mujer embarazada. Por ejemplo, ante la llegada de un bebé, la madre podrá experimentar sentimientos de exclusión y celos ante la idea de que le robe el amor de la pareja, representando así conflictos infantiles, como podrían ser la rivalidad y la sensación de haber sido desplazada cuando, de niña, llegó su hermanita. También, puede haber culpa frente a la fantasía edípica de estar dándole un hijo al padre y sentir que es merecedora de un castigo. Desde otro lugar, puede tener temor por el riesgo de que su hijo tenga alguna dificultad, por la pérdida de autonomía, en el caso de que la madre deba estar en reposo o en el puerperio porque debe cuidar a su bebé. Puede haber miedo al parto, a la muerte o a tener alguna complicación médica, entre otros.

 

Existen otros factores que pueden sumarse a esta experiencia —de por sí frágil— y complicarla, por ejemplo, no desear el embarazo, que ocurra en la adolescencia, la ausencia de la pareja o de una red de apoyo, vivir en una situación social desfavorecida (de pobreza, migración o violencia) o que la madre tenga algún conflicto emocional grave.

 

Lo anterior hace necesario preguntarnos acerca de los embarazos que ocurren durante la pandemia. Podemos pensar que las redes sociales de estas mujeres se han empobrecido, que quizá están atravesando un duelo por la muerte de algún familiar, que se sienten solas por el aislamiento, que están temerosas del contagio, no solamente por su propia salud, sino por el impacto que pudiera tener en su bebé, o preocupadas por la situación económica. El fantasma de la muerte aparece como una amenaza real y el miedo a no ser capaces de defender a su hijo puede llevarlas a cuestionarse sobre sus habilidades alrededor de su maternidad.

 

Algunos autores afirman que la situación de confinamiento es un factor de riesgo para que las mujeres desarrollen alteraciones del estado de ánimo, por ejemplo, la depresión postparto. Sabemos que el apoyo de la pareja es imprescindible en esta etapa, pero, además, necesitan la ayuda y compañía de otras madres expertas como son la abuela, las tías o algunas amigas que las sostengan, del mismo modo que ellas lo harán más adelante con su bebé.

 

Por otro lado, el sufrimiento y la intensa ansiedad a las que están expuestas puede impactar en el vínculo materno infantil y con ello, en el futuro desarrollo de su hijo. Sin embargo, también es importante recordar que el embarazo brinda la oportunidad a la mujer de crecer y madurar, de reparar sus objetos dañados y de integrar su propia historia; y que sus recursos internos serán fundamentales en la vivencia del embarazo en general y durante la pandemia. Sigamos reflexionando alrededor de este tema, pues parece que el camino por recorrer es largo todavía.

 

Referencias

Bryan, A. H. (2020). Pregnancy in the Time of COVID-19: Maternal Self-Focus and Kristevan Herethics. Studies in Gender and Sexuality, 21(3), pp. 240-243. https://doi.org/10.1080/15240657.2020.1798182

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Bibring, G., Dwyer, Th., Huntington, D. y Valenstein, A. (1961). A study of the psychological processes in pregnancy and of the earliest mother-child relationship. The Psychoanalytic Study of the Child, 16(1), 9.24. DOI: 10.1080/00797308.1961.11823197

Casamadrid, J., Santibañez, G. e Ibarzabal, M. (1966). Mitos y realidades. Cambios físicos durante el embarazo. Cuarta Reunión Anual de la Sociedad Médica de la Fundación Médica Sur. México.

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