Parásitos: la huella hedionda de los aspectos orales en la vida adulta patológica

Por Andrea Méndez

En Seúl, una familia de cuatro come apretada entre cajas de cartón para pizza que arman para ganar algo de dinero. A unos cuantos pasos, hay ropa colgada que, mientras se seca, se impregna del olor de los alimentos. Enseguida, todos los miembros se molestan porque su vecino cambió la contraseña de Wifi ‑que ellos también usaban en secreto‑. Aparece un bicho en la mesa y, mientras hablan de que hay que fumigar, se dan cuenta de que afuera ya están fumigando, así que deciden “aprovechar” y abren las ventanas, de esa manera no tendrán que pagar por ello, aunque corran el riesgo de intoxicarse.

Al ver esta escena, no sería raro recordar al vecino que pone un “diablito” para evitar pagar “tanta” luz o al primo de un amigo que usa la contraseña de Netflix de su tío o expareja, por mencionar algunos ejemplos, pero ¿de dónde surgen estas ganas de aprovecharnos de otros? ¿Será que todos los seres humanos compartimos aspectos de ese tipo? ¿Dependerá solamente de ciertas clases de carácter patológico?

La película del surcoreano Bong Joon Ho, ganadora de la Palma de Oro de Cannes, plasma los aspectos voraces y pasivos que una familia valora como ideal de vida. Seguramente, varios de nosotros conocemos gente que se rige bajo la “ley del menor esfuerzo” y porta con orgullo su capacidad ‑aparentemente astuta‑ de sacar hasta el más mínimo provecho de una persona o situación. Cuando los Kim conocen a una familia adinerada, que goza de una “vida fácil” y superficial, deciden meterse a la fuerza a sus vidas, a base de mentiras y llevando una rutina paralela a la acostumbrada, al trabajar para ellos. Modifican su aspecto físico, prácticamente se disfrazan, simulan tener cualidades útiles para desempeñar sus tareas, pero, en realidad, su motivación radica en tomar cuanto puedan, con la premisa de “si ellos tienen tanto, que nos den a nosotros también”.

Ahora reflexionemos otra situación de comodidad similar: el bebé dentro del cuerpo de mamá vive cómodamente, sin frío, ni calor, tampoco con sueño o hambre, pues está flotando en una especie de jacuzzi conectado a la máquina interminable de comida. No obstante, sabemos que, en cuanto salimos del vientre materno, tenemos que llevar a cabo varios esfuerzos: comenzamos a respirar por nosotros mismos, lloramos para ser alimentados, cambiados o lo que se necesitemos, pero también nos queda una huella de aquel momento de máxima comodidad, razón por la cual, el resto de nuestra vida, nos la pasamos buscando algo similar: una persona que resuelva nuestros problemas, una pareja que satisfaga nuestras necesidades, un terapeuta que nos diga qué hacer, etcétera.

Freud planteó como primera etapa del desarrollo psicosexual la fase oral, donde el bebé conoce el mundo mediante la boca, le permite conectarse con mamá y nutrirse de ella. En este periodo, el recién nacido vive de forma pasiva, es decir, es alimentado, es bañado o es cambiado, por lo tanto, abandonar ese momento implica un fuerte conflicto y, dependiendo de cómo atravesemos dicha separación, quedarán rasgos en nuestra forma de ser, a los que se les denomina orales. Éstos pueden manifestarse en ciertas personas que, por ejemplo, les cuesta mucho trabajo separarse de un lugar, un trabajo, una pareja, o bien, en el extremo opuesto, que tienen conflictos para vincularse con otros por temor a una posible separación en el futuro.

Cuando en psicoanálisis hablamos de los rasgos oral pasivos, nos referimos a características de aquellos sujetos que no están dispuestos a hacer ningún esfuerzo, físico, económico o mental, pues lo viven como una petición extremadamente desgastante e incluso injusta. Como sucede en el caso siguiente: una mujer joven falta a una cita de tratamiento por un asunto laboral y a la sesión de reposición llega 20 minutos tarde; argumenta que su pareja se retrasó en el trabajo y pasó tarde por ella. La paciente, aunque sabe manejar, opta por no hacerlo por temor a tener un accidente, de manera que depende de alguien más para desplazarse de un sitio a otro. En la terapia manifiesta enojo hacia su pareja por no haber pedido permiso para salir antes y poderla traer a tiempo, de igual forma se molesta cuando la terapeuta le anuncia que acabó el tiempo de la sesión y se niega a reponérselo.

Melanie Klein retomó las ideas de Freud y de Abraham acerca de la etapa oral para desarrollar su teoría sobre la vida temprana, en la que el sadismo alcanza un nivel máximo; se desea poseer al objeto, controlarlo y apropiarse de todos sus contenidos, “convirtiéndose” parcialmente en él. Esto excluye el propio esfuerzo y la capacidad de analizar cómo el otro logra generar esas posibilidades. De acuerdo con la autora, pensar que los demás tienen algo valioso que uno no posee, genera envidia.

En la película, los integrantes de la familia de Parásitos juzgan de superficiales y tontos a los adinerados, les es imposible concebir que, tal vez, las riquezas materiales que poseen sean el resultado de su trabajo y constancia, de manera que, debido a que creen que ellos tienen en demasía y de manera fácil, se sienten con derecho de quedarse con una parte…o con todo. Juegan a ser la familia acaudalada que cena vino y quesos finos en una estancia magnífica, mientras llevan una vida secreta a costa de otras personas, un poco como la paciente que describí arriba, quien no se esfuerza, sino que busca la manera de instalarse cómodamente para que le resuelvan los avatares de la vida diaria.

Todos tenemos aspectos orales e incluso oral pasivos, no obstante, el largometraje mencionado refleja a una familia que los portan como estandarte y los tratan de defender a capa y espada. Cabe señalar que el final es impactante, porque demuestra que existen individuos que no son capaces de crecer, sino que permanecen instalados en una especie de pseudo-vientre en donde están encerrados y empobrecidos. Debemos tener siempre presente que nuestro empeño diario para levantarnos de la cama y ponernos en acción es una pequeña lucha contra la oportunidad de estar cómodos y de ser dependientes de otros, una idea que parece atractiva, pero que exige pagar un precio muy caro.

En el Diplomado “Sexualidad, erotismo, vidas paralelas”, Conrado Zuliani, Karina Velasco y Andrea Méndez exploraremos los aspectos de la vida sexual infantil en los distintos momentos del desarrollo, diferenciando entre los más sanos y los más conflictivos, así como las vidas paralelas que pueden llevar algunas personas. Nos apoyaremos en textos psicoanalíticos, material cinematográfico y literario. Al igual que contaremos con la presencia de invitados de distintas áreas. ¡Acompáñanos!

 

 

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